Hoy, los estudiantes del Nivel Secundario revivieron el Jueves Santo. No se trató solo de repetir un gesto antiguo, sino de volver a darle sentido en el presente.
En la Última Cena, Jesús tomó el pan y lo compartió con sus amigos. No porque tuvieran hambre, sino porque quería dejarles algo mucho más profundo: una manera de vivir.
Siguiendo ese gesto, hoy cada curso partió el pan como signo de encuentro y comunidad.
Porque partir el pan es mucho más que dividir algo: es animarse a compartir lo que uno es —el tiempo, la escucha, la amistad e incluso aquello que cuesta—. Es decirle al otro, con acciones sencillas pero verdaderas: “acá estoy para vos”.